La Cabaña
Tuyú
Modelo en
su género, tenía todos los adelantos de la época. Hoy constituye el INTA y con
la reciente división de municipios quedó ubicada en Hurlingham. Pero constituye
una unidad histórica, geográfica, ecológica y social con Villa Udaondo.
Para
recrear su existencia, le dejamos la palabra a José Ignacio Ansorena, nacido
allí e hijo de quien fuera administrador de éste y otros establecimientos de
los Leloir-Udaondo.
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Doña Hortensia Aguirre y Herrera (1868-1939). Sobrina biznieta de Pueyrredón. Casada en 1898 con Federico Augusto Leloir y Bernal, propietario de las tierras. |
“La Cabaña
perteneció a Doña Hortensia Aguirre, viuda de Leloir y a Guillermo Udaondo,
casado con una hija de aquella, Marta Ma. Silvia. Administró desde el año 20 mi
padre, Ignacio, vasco de nacimiento y que se casara luego con Josefa Guercio,
vecina de Ituzaingó.
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El administrador de la Cabaña, Ignacio Ansorena, en 1934 con el joven "Lucho", Luis Federico Leloir, quien sería luego Premio Nobel. |
La
extensión del campo orillaba las 1000 hectáreas. El casco, de unas 60, fue
diseñado y parquizado por ingenieros franceses. Poseía especies únicas
directamente importadas de Europa y también una gran plantación de caña bambú.
Un lago artificial en forma de “ese” era atravesado por un puente, bajo el cual
una compuerta mantenía el nivel. Existían patos, cisnes y peces. El puente,
cubierto de glicinas, presentaba en su época de floración una magnificencia que
era pintada por numerosos artistas que solicitaban permiso para tal fin.
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Ignacio Ansorena, su esposa Josefa Guercio y sus hijos Susana y José Ignacio, 1928. |
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Vista del lago con sus cisnes, año 1930. |
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Vista actual del lago. |
Recuerdo
que en sus alrededores se filmó en el año 41 una película de Mario Soficci: “Cuando
la primavera se equivoca” con Juan José Miguez, Elisa Galvé, Rosa Rosen y José
Olarra. A un costado de la casa principal toda rodeada de grandes pinos y
cipreses, con caminos de granza, existía un palenque, cuyo eje central estaba
hecho con un fragmento de vías de “La Porteña”. Desde el vértice superior
bajaban alambres hasta el suelo formando una “sombrilla” cónica, colmada de
glicinas y rosas mosqueta.
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Guillermo Udaondo con su hijito y uno de los toros premiados de la Cabaña. |
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Vista del puente y la compuerta. |
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Casa principal de la Cabaña, con el marco de la forestación diseñada por Carlos Thays. |
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Ejemplar vacuno de raza Jersey, criado para la obtención de leche y manteca, de exclusivo consumo familiar. Muy apreciada en la época por su alto tenor graso.
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En todo el
caso existía agua corriente y luz eléctrica.
La Cabaña,
en principio se dedicaba a la cría de vacunos Hereford. En 1927 o 1927 obtuvo
el Gran Campeón Macho en la Sociedad Rural Argentina. También se criaban
perros, cuyos ejemplares se presentaban en las exposiciones del Kennel Club.
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Actual Instituto de Genética en lo que era el tambo número 1. |
El fuerte
era la lechería. Había tres grandes tambos. La leche era llevada diariamente
hasta la planta pasteurizadora ubicada cerca de La Paternal, adonde llegaba el
producto de otros tambos de Suipacha. Tal producto era vendido en negocios de
la Capital Federal, Morón y Hurlingham. También hacían reparto a domicilio.
Otros eran la miel y los huevos.
Estos
provenían del criadero ubicado sobre Las Cabañas y Leloir. Varios galpones
albergaban unas 3000 ponedoras Leghorn. Un buen monte de árboles sombreaba el
lugar con la casa del encargado incluida.
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La casa del criadero de aves, junto al Arroyo Soto, como se encuentra hoy. |
El apoyo
logístico a toda la organización se brindaba también desde la cabaña. Para ello
se contaba con una carpintería, que efectuaba todos los arreglos de carros,
chatas y demás elementos de trabajo.
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El palomar en plena construcción, circa 1930. |
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Parte superior interna. Los mechinales (huecos para anidar las palomas) no llegaban hasta el piso como en construcciones similares. |
Una herrería efectuaba los arreglos
necesarios para mantener la flota de autos y camiones, como así también la
maquinaria agrícola. Los arneses eran fabricados y reparados en la
talabartería.
Para el
mantenimiento de los animales se araba y sembraba alfalfa, maíz y otros
cereales, contándose para eso con tractores, arados, sembradoras, rastra de
disco, guadañadoras, etc.
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Uno de los galpones que se usaban como talleres y depósitos. |
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Tractor de las primeras décadas del siglo usado en la Cabaña. |
“La Cabaña
Tuyú contaba con los últimos adelantos del momento. Para desplazarse de un lugar a otro se contaba
con aviones WACO y con hangares y mecánicos especializados. Había uno abierto
para dos pasajeros (uno detrás de otro) que generalmente usaba Marta y una
amiga, que era una de las dueñas de “La Prensa”, (Gainza Paz de Sánchez Elía).
Otro avión con cabina era utilizado por don Guillermo, que era presidente del
Club Aéreo “Los Patos”, cuya sede estaba donde después se instaló la Base Aérea
de Morón. Precisamente allí, en el año 1936 don Guillermo Udaondo (h) encontró
la muerte en un accidente aéreo. Mientras él descendía, otro avión estaba
decolando y chocaron en el aire.
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Los hangares para los aviones que usaban los Leloir. El de la derecha tenía la manga que indicaba la dirección del viento. |
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Dependencia de la casa principal (cocina y despensa) a la que está unida por una galería. |
Había
también una quinta de verduras e invernáculos que producían toda la verdura y las flores
necesarias para el consumo interno de la Cabaña.
Es
importante destacar cómo se trataba al trabajador en la Cabaña Tuyú, que podía
considerarse que estaba en una situación privilegiada.
Los peones
solteros vivían en habitaciones de material (dos por pieza) separadas del
comedor por un gran patio de ladrillos, que también las separaba de los baños,
con ducha, detalle muy importante para la época.
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Casa del personal de servicio en los años 30. |
Durante el
verano y antes de salir a trabajar, tomaban un jarro de mate cocido.
Los sueldos
eran excelentes: a los solteros les pagan 60 pesos por mes, casa y comida. A
los casados 75 pesos mensuales, casa, carne, verdura, galleta, yerba, fideos,
azúcar y otros alimentos básicos.
Los chicos
de los puesteros, tamberos y empleados íbamos a la escuela a caballo,
aproximadamente a dos o tres kilómetros estaba la Escuela 9, cuyas maestras
venían de Morón. El camino era llamado Tuyú (que corresponde a la actual calle
Aristizábal).
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Carruaje que fuera usado en la Cabaña y que se hallaba en pie hasta hace muy poco tiempo. |
Debo
recordar que en todo el casco había agua corriente y luz eléctrica. También
existía una planta donde se desgranaba el cereal y se hacía la molienda.
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Las familias Amort y Lanfranconi en la Cabaña Tuyú, alrededor de 1925. Los Amort eran tamberos y Lanfranconi era mecánico de aviones y se ocupaba del mantenimiento de los mismos. Gentileza Marcelo Arias. |
En el año
1940 o 1941 se vendió en 4 millones de pesos al Instituto Movilizador Argentino
que después lo transfirió al Ministerio de Agricultura”.
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Elsa Amort de Arias (la madre de don Osvaldo Arias), su hermano Carlos y esposa en Cabaña Tuyú, 1928, gentileza M. Arias. |
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Registro de Josefa Guercio de Ansorena (1930) que tenía fama de excelente conductora, muy hábil en el barro. Manejaba diversos vehículos de la Cabaña. |
Y así
llegamos a la segunda etapa de esta propiedad que fuera uno de los mejores establecimientos del
agro argentino. Ahora rastrearemos el origen y desarrollo del INTA, para lo que
hemos consultado al Ing. Enrique Antonelli, quien nos facilitó material para
obtener datos fidedignos.
El INTA, su
origen
Como se ve,
ya en la década del 30 se pensaba en obtener las tierras de la Cabaña por parte
del Estado Nacional, pero esto solo se concretó a mediados de la década
siguiente.
En el libro
“El Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias”, editado por INTA en 1959
y que gentilmente nos facilitara el Ing. Antonelli, encontramos los siguientes
datos: “En 1944 el Ministerio de Agricultura dio un gran paso en el sentido de
hacer realidad el viejo anhelo de disponer de un Centro de Investigaciones al
adquirir en el partido de Morón, una extensión de campo de más de 900 hectáreas
para asiento de sus núcleos de investigadores.
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Magnífica toma aérea del INTA, tomada desde Las Cabañas hacia el norte. Foto tomada por Piccinini en 1960, gentileza In. Blanca de Eiberg. Las referencias numéricas son: 1. área del botánico (13 has), 2. Palenque y pérgola circular, 3. Casa principal, luego laboratorio de Biología Celular, 4. Guardia y acceso, 5. Vivienda del intendente (antes del administrador de la Cabaña, 6. extremo del lago, hoy seco. |
En 1945 los
institutos se agruparon, según su especialidad en la Dirección General de
Investigaciones Agrícolas y la de Investigaciones Ganaderas respectivamente. La organización adquirió luego formas más
definidas con la Ley de Investigaciones Agropecuarias, donde ya se habla, categóricamente,
del CENTRO NACIONAL, como sede de sus institutos, lo que se confirma al crearse
el I.N.T.A. (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) por decreto ley N°
21.680 del 4 de julio de 1956 y su posterior reglamentación en 1957”.
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Extensión original del INTA, que perdió luego la porción sobre el río (Barrio Nuevo), otras sobre Pedro Díaz (nuevos barrios) y hacia Gaona (cementerio parque y vivero municipal Hurlingham). Del libro "El Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias" INTA 1959, gentileza Ing. Antonelli. |
Instituto
de Botánica Agrícola (hoy Recursos Naturales)
“Se
organizó sobre la base del antiguo laboratorio de Botánica fundado por Carlos
Spegazzini a fines del siglo pasado. En 1944 amplió notablemente sus funciones
(…) y en 1949 adquiere categoría de Instituto”.
En esa
época comienza sus investigaciones en Castelar, donde inicia la implantación de
su extenso Jardín Botánico.
El INTA hoy
Después de
numerosas reestructuraciones a través de más de 40 años, y de desprenderse de
varias porciones de tierras periféricas, hoy el INTA está nuevamente
reorganizándose para adecuarse a los nuevos tiempos. Su extensión actual ronda
las 680 hectáreas.
El jardín
botánico nacional
Transcribimos
un trabajo realizado por la Dra. Ana María Molina, directora del mismo, a quien
agradecemos mucho su fundamental colaboración.
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Vista del Jardín Botánico Nacional (foto Carlos Consiglio). |
Ubicación
“El Jardín
Botánico Arturo Ragonese” está localizado en Castelar* (34° 40 latitud S 58| 39
longitud O), a una cota de 22 mts. Sobre el nivel del mar; con suelo llano,
arcilloso, poco profundo, neutro, con vegetación de pradera graminosa; el clima
es templado, mínima absoluta de -7,8°C, máxima absoluta 40°C y media 16°C.
Precipitación media anual de 1050 mm y humedad promedio 72%. Ocupa una
superficie que se aproxima a las 23 hectáreras.”
Antecedentes
“La
introducción y exploración de plantas útiles, a nivel oficial fue tarea del
Ministerio de Agricultura de la Nación. Así Carlos Spegazzini fundó a fines del
siglo pasado el “Laboratorio de Botánica”, concebido para asesoramiento y
enseñanza de la Botánica Taxonómica y del público en general. Alrededor de
1947, el Ing. Agrónomo Arturo Ragonese (1909-1992) creó el Jardín Botánico de
Introducción y aclimatación de plantas. Los ejemplares cultivados lo fueron en
su gran mayoría de semillas, provenientes del canje internacional y de las
exploraciones de recolección realizadas por todo nuestro país. Para fines de
1948 se comenzó la plantación y ubicación de los primeros ejemplares vivos en
la sección sistemática.
En 1949
adquiere la categoría de Instituto de Botánica Agrícola, incorporándose al
Centro Nacional de Investigaciones Agrícolas. En un terreno de media hectárea
se instaló un vivero con un pequeño invernáculo, almacigueras, reparos y
depósitos. En el resto del campo se estableció el jardín botánico y el anexo de
colecciones fitogeográficas y de comunidades edáficas. Con la creación del
INTA, su desarrollo se fundamenta sobre la base de Programas de Cultivo y
Especialidades Agronómicas.
La
Colección Sistemática y las Formaciones Ecológicas y de Comunidades Florísticas
comprendían alrededor de 3500 especies vegetales para los estudios de
Taxonomía, Mejoramiento Vegetal, Análisis Fotoquímicos, etc.
Posteriormente
por iniciativa también de Ragonese, se comienza con la elaboración y
publicación de las “Floras Regionales” (Patagónica, de Buenos Aires, de Jujuy,
etc.). Las plantas que sirvieron de base para esta obra se conservan en el
Botánico y también en el herbario como material seco.
·
N.
de R.: Siempre se lo denominó por la vía de ingreso, que era Castelar, aunque
nunca perteneció al éjido de esa localidad. Hoy es partido de Hurlingham, pero
se llega por Udaondo (Parque Leloir).
Paralelamente
se intercambian semillas con más de 300 organismos similares de distintas
partes del mundo, mediante el Index Seminum o Catálogo de Semillas, constituido
por unas 100 especies autóctonas y único en este aspecto. Este emprendimiento
fue posible con la labor de alrededor de 60 empleados, científicos y de campo,
a cargo del mantenimiento de plantas de todo el mundo, que recibían cuidados
intensivos”.
Situación
actual
“El
Botánico se designó con el nombre de Arturo Ragonese en julio de 1995 como
homenaje póstumo a su impulsor, brillante investigador, viajero incansable,
gran conocedor de la vegetación argentina.
Estuvo
reservado por casi 50 años a tareas de investigación del INTA y a visitas de
estudiantes universitarios. Si bien contiene una importante colección de
plantas vivas científicamente ordenadas, muchas de ellas se perdieron por falta
de presupuesto para el área. Finalmente en 1990 fue desafectado el escaso
personal que había quedado. Hoy cuenta con dos investigadores y un técnico
part-time, la colaboración de algunos investigadores de Universidades, de otros
botánicos y de la Sociedad Argentina de Botánica, así como de profesionales “ad
honorem”. Ello es insuficiente para desarrollar las múltiples tareas
indispensables”.
Objetivos
Los tres
principales son:
Investigación
científica
Educación
ambiental
Conservación
de la biodiversidad.
Hasta aquí
las palabras de la Dra. Molina. Nosotros agregamos que en 1995 se realizó una
concesión a una entidad privada, para el rescate del Jardín. Al no resultar lo
que se esperaba, se rescindió el contrato.
Todas las
fotografías actuales del INTA fueron tomadas por Carlos Consiglio en 1998.
Las fotos
antiguas de la Cabaña Tuyú son gentileza de José Ignacio Ansorena.
Agradecimientos
a: José I. Ansorena, Edgardo Mateo, Rolando Goyaud, Ing. Antonelli, Ing. Blanca
de Eiberg, Dra. Molina, Julio “Pajarito” Méndez, Marcelo Arias.